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Febrero de 1999
Ylla
Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. |
| Por lo tanto nunca más pasearemos
hasta las altas horas de la noche, aunque el corazón siga enamorado, y aunque siga brillando la luna. Pues la espada gasta la vaina
Aunque la noche fue hecha para amar,
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Agosto de 2001
Los colonizadores
Los hombres de la tierra
llegaron a Marte.
Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque
eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos
o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía
una razón diferente. Dejaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o
ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir
algo; para desenterrar algo, enterrar algo o abandonar algo. Venían
con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños.
El dedo del gobierno indicaba desde carteles de cuatro colores, en innumerables
ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE!. Y los
hombres se lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas
docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes de
que el cohete dejara la Tierra. Enfermaban de soledad... |
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Agosto de 2026
Vendrán lluvias suaves
Vendrán lluvias suaves y olores de
la tierra
y golondrinas que girarán con resplandeciente sonido; y ranas que en los estanques cantarán
durante la noche
y petirrojos que vestirán plumas
de fuego
y nadie sabrá que hay guerra,
A nadie le importará, ni a los pájaros
ni a los árboles,
y la misma primavera, al despertarse al
amanecer,
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