Crónicas marcianas, de Ray Bradbury
Juan Manuel Torres

(c) JPL NASA

                                  Febrero de 1999

Ylla

     Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas.

 
 Junio de 2001

Aunque siga brillando la luna
Por lo tanto nunca más pasearemos
hasta las altas horas de la noche,
aunque el corazón siga enamorado,
y aunque siga brillando la luna.

Pues la espada gasta la vaina
y el alma gasta el pecho,
y el corazón debe denternse para tomar aliento
y el mismo amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
y el día vuelve demasiado pronto
nunca más pasearemos
a la luz de la luna.


 
 
 
                                  Agosto de 2001



Los colonizadores
     Los hombres de la tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Dejaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o abandonar algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno indicaba desde carteles de cuatro colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE!. Y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas,  porque casi todos se sentían enfermos aun antes de que el cohete dejara la Tierra. Enfermaban de soledad...

 
 
                                  Agosto de 2026

Vendrán lluvias suaves
Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra
y golondrinas que girarán con resplandeciente sonido;

y ranas que en los estanques cantarán durante la noche
y ciruelos de tembloroso blanco;

y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán sus canciones en los alambres de las cercas;

y nadie sabrá que hay guerra,
nadie se preocupará del fin de la guerra.

A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se detruye totalmente;

y la misma primavera, al despertarse al amanecer,
apenas sabrá que hemos desaparecido.