PESADILLA

Juan Manuel Torres Moreno

Este sueño de palabras


Despertó en un grito y bañado en sudor.

    Ya debía ser tarde. Algo así como las seis de la mañana.

(Pensó)

    No recordaba nada de la noche anterior, y sin embargo un saborcito de fragmentos de sueño revoloteaba por su estómago y hacíale sentir náuseas.

(Se incorporó)

    Aún tenía los ojos cerrados -qué sueño-. Buscó los zapatos. Se dio cuenta que el despertador no había sonado todavía. Caminó al espejo... hizo un esfuerzo: los ojos se resistían a abrirse. Bostezó... intentó de nuevo pero la absurdez le cerraba los párpados.

-¿Y ésto?...

    Se restregó la cara y encendió la luz. Su oscuridad no varió en mucho: y él buscando su saco, y él tropezando en el cuarto, y él con los ojos cerrados.

 En otro intento por abrirlos, siguiendo el consejo que alguien le había dado, se pellizcó el brazo, pero -como buscaba la camisa-, no recordó si había sentido o no el pellizco. Se peinó imaginándose en el espejo, entró en el baño, se enjuagó la boca y salió; pero al momento de salir ¡TRAS! -un golpe con el muro-.

-Esto de caminar a ciegas. A de haber sido por el arroz... o los camarones: la otra vez me ocurrió una pesadilla parecida en la que no podía moverme. Tengo que despertar, ya es tarde y ese reloj no suena...

    Tomó su portafolios cual si fuera un lazarillo y salió, caminando más rápido que el sol.
-¡Caray! -pensaba- debí ponerme unas gafas negras... o mejor aún: debí despertarme antes de salir con esta pesadilla.

    Costóle tres cuartos de hora poder treparse milagrosamente a un camión: en tres ocasiones estuvieron a punto de atropellarle pero finalmente lo consiguió. Ya adentro se sentó y fingió dormir mientras se devanaba los sesos buscando la manera de despertar de esta pesadilla, pero entonces -naturalmente- se durmió.

    Despertó luego de varias cuadras. Al sentirse todavía con los ojos cerrados, decidió dormir otra vez para soñar un sueño diferente al que estaba soñando, o para despertar en un abrir y cerrar de ojos y abandonar de una vez por todas esas absurdeces. Al fin y al cabo ya debían ser casi las seis y el primer autobús pasa a las seis y diez, y el jefe... (¡diablo de hombre!) con que uno acumule tres faltas o retardos en un mes ya está bajando cielo y tierra con el fin de quitarle a uno el trabajo; y sin éste, él ya no podría comprar el reloj que no necesitaba.

    Luego de media hora ya estaba fatigado.

    Pensó en un barco. Allá lejano y azul... perdido en su niñez en Veracruz.

    Después de ésto, ya no supo si soñaba que iba en un autobús en donde soñaba que estaba en su casa, o soñando en un barco en donde soñaba que no podía abrir los ojos para dejar de soñar que no podía abrir los ojos.

(Esto le molestó mucho)

    Jamás le habían gustado los juegos de palabras y mucho menos cuando necesitaba despertar rápidamente.

-¡Metro, metro Indios Verdes!... ¿quién baja por'ái?...

    Entre sueños oyó la voz del chofer. -"Yo bajo..." -pensó en un pensamiento que, al darse en un sueño, jamás logró salir de él para llegar a la boca.

    En un intento realmente audaz cerca del "Eje 3" y "Norte 45" se incorporó de su asiento y avanzó a tientas por el pasillo. Total: parecía que nadie se fijaba en su cara. Bajo del autobús tras atropellar tres cabezas que sobresalían de los asientos.

    Al dar con el pie en el suelo lo recibió un poste de cemento que

( ¡ZAS! )

hízole reaccionar de inmediato. Le costó un triunfo llegar a la pared de las casas, y entonces empezó a guiarse por el contorno de los edificios.

 -Ya perdí el trabajo... ya perdí el trabajo... -pensaba mientras avanzaba pegado a la pared.

    Sin embargo, el problema más grave fue al atravesar Montevideo: ¿cómo diablos ver los coches?. La situación era peligrosa, sin embargo guiándose por su oído y ayudado por la memoria se lanzó velozmente a la avenida. A la mitad de la misma, los nervios lo traicionaron pero logró asir a un transeúnte por el saco... a causa de ello el hombre volteó indignado y de un manotazo lo apartó de si. Entonces quedó paralizado en medio de la calle. Para su mala suerte, seguramente en ese momento cambió el semáforo porque su instinto se lo previno: volteó a la derecha y aún con los ojos cerrados casi pudo jurar que vio un tráiler negro y enorme, echando humo y pitando con un ruido terrible como demonio que se le venía encima. Un golpazo peor a los que había sufrido en su vida le hizo creer que lo había mandado hasta el infierno.

    (Pero no)

    (Todavía no)

    Despertó en un grito y bañado en sudor.

    Se levanta despacio. Son las seis, lo sabe aunque aún no haya sonado el reloj: el fresco de la mañana se lo indica. Hay que ir al trabajo.

    (Pensó)

Se encuentra adormilado, aún soñando su sueño en el que soñó que no podía abrir los ojos. Fragmentos de sueño…

    (Se incorporó)

-Qué cosas- eso pasa por cenar demasiado. Se restregó la cara, encendió la luz.

    (Recuerda.)

    (Se fijó en el espejo para peinarse y entonces, sin mayor sorpresa notó que tenía los ojos cerrados. Totalmente pegados).
 

Pesadilla. 1982-2000