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Qui est Juan Manuel Torres Moreno?...

Luxor

Juan Manuel Torres Moreno
  


    En muchos lugares me he encontrado ante el típico fenómeno del
regateo al comprar una mercancía. Basta con observar por ejemplo,
la tozudez de los marchantes del centro histórico en "La
Lagunilla" en México D.F. o en el "Mercado de San Juan de Dios"
en Guadalajara, cuando quieren venderle a uno cualquier cosa. Pero
en ningún lugar el regateo es tan especialmente intenso como el
que se realiza en Egipto. En particular en la sureña ciudad de
Luxor, situada en el Valle de los muertos, se lleva a cabo como
una especie de deporte nacional.

Luxor es una ciudad muy interesante desde cualquier punto de
vista: por un lado están las ruinas milenarias de Karnak, los
templos y obeliscos que aún reflejan el esplendor y la riqueza de
la civilización faraónica, en contraste con la vida miserable de
sus habitantes actuales (eso sí, políglotas empedernidos a fuerza
de negociar con turistas de todos los rincones del planeta); por
otro lado se tiene el Nilo, con su vitalidad y verdor
impresionantes, abriéndose paso entre un desierto de ardientes
arenas a 50 grados a la sombra, que me dejaron la suela de los
tenis con la misma capacidad viscosa de un chicle Omega. Están
también las suntuosas tiendas de la zona hotelera donde a los
turistas bisoños pueden venderles cualquier cháchara egipcia a
precios exorbitantes. Bagatelas como pirámides de cuarzo con
energía esotérica, tapetes tejidos en papiro, esencias del perfume
de Cleopatra, oro proveniente del escarabajo del pecho de Ramsés o
cualquier otra insignificancia que en manos del mercader parecen
cien por ciento auténticas, pero que una vez que llega uno a su
casa y las mira con detenimiento, se da uno cuenta que el oro se
empieza a despintar, que el papiro está hecho en papel reciclable,
o que la energía esotérica nunca se manifiesta. Pero en fin, eso
es parte de la aventura, y todos estos "recuerditos" los conserva
uno como souvenir para impresionar a los amigos ignorantes, acerca
de nuestras adquisiciones y de las peripecias del viaje a Egipto.
Y lo mejor de todo, en Luxor se halla la Meca del regateo
despiadado, y este se lleva a cabo con singular entusiasmo.

    En el centro del Luxor, y fuera de las rutas clásicas para
    los turistas se puede uno aventurar en el Egipto profundo,
    representado entre otras cosas, por el Souk o mercado popular.
    Es en estos lugares donde los nativos compran y venden los
    productos cotidianos. A mí me ha gustado siempre salir de las
    vanalidades turísticas y mezclarme con la gente común y corriente
    de cada lugar que visito, pues de esta manera está uno en
    condiciones de conocer la verdadera cultura y aspectos
    particularmente interesantes de cada pueblo. En el Souk de Luxor 
    -que es inmenso- puede uno hallar cosas verdaderamente insólitas, desde 
    vendedores de curcuma, canela, comino y otras especias exóticas; 
    hasta peces frescos del Mar Rojo, oro auténtico traficado del 
    último saqueo hecho por los mismos guardias de la tumba de Tutankhamon, 
    bebidas extraordinarias para los europeos ignorantes como 
    el "kakadé" (que no es más que agua de jamaica para cualquier mexicano 
    conocedor), colorantes textiles como violeta vibrante o 
    rojo carmesí; amuletos en turquesa
    u ópalo, dátiles frescos, huevos de cocodrilo, hojas de papiro
    o calcetines de piel de camello, entre otros objetos. Así que, dejando
    al grupo de turistas alemanes con los que iba, me adentré en las
    entrañas del Souk a las diez de la noche...
 

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