Para todos ellos.
Aún con la llovizna que a veces caía no era seguro que fuera cierto lo que me decía, sin embargo la tentación era fuerte: mis calificaciones habían descendido mucho... el tiempo para pagar las asignaturas se estaba agotando.Mi última esperanza era presentar el exámen a “Título de Suficiencia”, o de recuperación como les dicen. Bueno, en realidad el último de los tres a los que tenía derecho, porque a los otros dos ni siquiera me presenté. Pero los días pasaron y ahora me encuentro aquí, a la víspera de la prueba y sin haber estudiado nada.
Alicia me aconsejó leer, estudiar, hacer resúmenes; en fin lo imposible por obtener ese (ahora odiado) certificado de Bachillerato. Incluso me regaló sus apuntes y me compró varios libros de obras simplificadas, de esas de las que vienen en los exámenes con cuadros sinópticos y resúmenes, se supone para entenderlas mejor.
Sé que todo eso de nada va a servir: sus apuntes los dejé quién sabe dónde y los libros de literatura y redacción nomás de hojearlos un poco y ver que la sintaxis, que la hipérbaton, la prosodia y no sé que tantas cosas horrorosas más, mejor los vendí a Fabián al doble de su precio.
El exámen es mañana. Mañana a las siete. Imagino el coraje que harían todos en mi casa si vieran que no asisto. Iré, sin embargo.
· · ·
Hace horas que vagaba por la escuela. A veces medio angustiado, a veces medio indiferente. Ya era tarde y una fina pero continua llovizna se dedicaba a empapar de gris las gentes y los edificios. La verdad, en el fondo me sentía desolado: toda la vida en la escuela para venir a parar precisamente en ésto: reprobar el bachillerato por Literatura I. A veces pienso que siquiera hubiera sido por algo más difícil como Matemáticas o Física, entonces -quizás- habría tenido mayor “mérito”... como dicen a veces por ahí, pero yo siempre he detestado todo lo relacionado con las lecturas.
En las bancas de los jardines, algunos muchachos están sentados y platicando de cosas de fin del semestre. Encontré a uno de ellos cuando ya pensaba irme; lo vi separarse de un grupo de los de sexto.
-¿Qué onda? te veo preocupado... -preguntó y miró su reloj al mismo tiempo. Eran como las seis y media de la tarde. Al principio creí conocerlo pero luego me di cuenta de que nunca antes lo había visto. Parecía tener prisa. ¿Preocupado?: estaba hecho trizas, le expliqué que mañana sería mi última oportunidad para salir de aquí.Al decirme esto sentí un cielo abierto en la penumbra de la tarde.
-Sí, ya me lo han dicho. Pero tengo lo que necesitas: un exámen a Título de los que se harán mañana: resuelto -subrayó claramente la palabra. -Te lo dejo por doscientas lanas.-¿Lo traes ahorita?... -pregunté con ansiedad.Desconfié un tanto. Pero, ¿qué más podía hacer? La tentación era fuerte. Era probablemente la última oportunidad para poder pasar la materia, para poder salir.El viento se enmarañaba en el pelo, las hojas secas anunciaban tormenta: gruesas gotas empezaban a caer.
-Aquí lo puedes ver -dijo mostrándome sólo por un instante unos papeles doblados, escritos a máquina pero con el logotipo de la escuela. Eso me sirvió sin embargo, para darme cuenta que decía la verdad.
-Préstamelo..., déjame verlo de cerca...
Rió un poco :- Primero dame el dinero…Empecé a buscar dinero en la bolsa de la camisa cuando de pronto se soltó la lluvia. Un torrencial brincoteaba en la tierra. Voltee a los jardines de enfrente y alcancé a ver con el rabillo del ojo a los estudiantes que huían en tropel; todos corrían a refugiarse al edificio 'D' que era el más cercano. Quedé por unos instantes extasiado por tal espectáculo. Entonces sentí algunos empujones que me daban aquellos tipos en su loca carrera. Los truenos arreciaban y cegaban la vista en medio de la negrura de las barras de agua. A la derecha, tras la lluvia quedaba la Dirección. Sentí frío. Recordé de pronto al del exámen, que seguramente había corrido también. Me miré las manos empapadas y los zapatos mojados sobre el pasto. Creí escuchar que alguien a lo lejos me gritaba. No estoy seguro. El frío me atería mientras oía cada vez más lejos los gritos y las risas de los muchachos. Todo pasó en un instante o acaso dos.
Me encaminé a los edificios donde estaban y en medio de aquella multitud de palabras quise encontrar al que me iba a vender la prueba; sin embargo el agua me llenaba los ojos y me obligaba a cerrarlos y a gritar.
Lo busqué un par de veces más sin dar con él.
{ La lluvia cambia a las personas }
Ya era de noche cuando intenté buscarlo de nuevo, pero me di cuenta de que no tendría caso porque ya no lo podría reconocer.
Entonces empecé a correr bajo la lluvia.