Graves incidentes cotidianos
(c) 2001 Juan Manuel Torres Moreno


 
 
    Un pequeño incidente cotidiano que termina en tres incidentes no cotidianos. En una de las más famosas Feria del Libro, un famoso escritor trepa por una escalera rápidamente, pero rápidamente se enreda un pie con el otro y trastrabillea peligrosamente cayendo sin caer completamente. En el curso del accidente alcanza a ver –varios metros más abajo– a una mujer vestida de rojo (la única persona que lo ve en ese instante) que disfruta hojeando perezosamente un libro intrascendente, y comiendo al mismo tiempo un emparedado de pavo ahumado con mostaza; y que no puede evitar mirarlo cayendo literalmente en esas graciosas posiciones y malabares no deseados que hacen todos los escritores cayentes en las escaleras famosas: a veces intentando volar, a veces intentando reir.

El cayente se avergüenza horrores en su caída... pero no por eso deja de caer. La mujer comensal por su parte no puede contener una sonrisilla ahogada que le crece in crescendo poco a poco, y que termina –sin querer terminar– por ahogarla entre un acceso de tos, risa y manoteos incontenidos. Un tercer personaje –que no es ni escritor, ni comensal,  ni visitante, sino solamente un simple personaje sin fama ni gloria de la página 248 del libro más oscuro que visita la Feria–, al escuchar la tos espasmódica de la mujer de cara enrojecida como su vestido y ojos desorbitantes, pierde la oportunidad de ver al tipo famoso que caía por las escaleras (porque éste ya ha terminado de caer, y a causa del susto, ha terminado también por perder la inspiración que había logrado acumular en la mañana para escribir un cuento ingenioso sobre lo cotidiano), pero el incidente causado por la inexistente pareja, le da a nuestro oscuro personaje la tinta necesaria para escribir en esta página 291, este texto incidental sobre las simplezas cotidianas.