Puebla: una historia (o quizás dos) de Centrales
Juan Manuel Torres Moreno
« -Llegué a la Central de Autobuses con el tiempo más que sobrado: pregunté al hombre de la ventanilla de boletos y me dijo claramente que el camión para Puebla saldría hasta dentro de hora y media y que los boletos se vendían 15 minutos antes. Dedíqueme entonces a lo que todos los honrados viajeros se dedican en situaciones así: a escuchar los anuncios de las llegadas y salidas, a mirar los camiones, las minifaldas que cruzaban, las piernas de las pasajeras en minifalda, a observar a los demás viajeros apurados con increíbles, pesadísimas y complicadas maletas; a ser observado por los demás viajeros e ignorado por las muchachas en minifalda, a mirar los aparadores y vitrinas donde le venden a uno todo lo que amerita ser comprado para emprender un viaje largo: desde chicles, tortas de huevo, Tin-Larines, refrescos, dulces… hasta llaveritos de Santa Clós, crucifijos con la efigie del Cristo del Gran Poder, relojes de arena, de agua, de viento o de sol; peluches taiwaneses de todas las nacionalidades y de todos los colores concebibles...
Diciembre de 1998 (Esto pasó en la pinche TAPO) SI DESEA USTED SEGUIR LEYENDO ESTE CUENTO, FAVOR DE ENVIAR UN E-MAIL AL AUTOR