Las botas de siempre
Juan Manuel Torres Moreno
 


 
    Ya tenía más de cinco años con esas botas para la nieve. Era ya algo así como cariño cada vez que las veía. Cariño y odio a la vez. Verán, las adquirí en un viaje que hice a Italia en el otoño. Italia siempre ha sido reputada por la excelente calidad de sus zapatos, así que sin dudarlo mucho escogí este par por su resistencia y forma. Si bien un poco pesadas, el color igual me gustaba: color piel legítima. En la lengüeta estaba escrito (en inglés, of course):

for the days, months, years...

Y era cierto. Cada invierno en Francia las calzaba a medida que los días se hacían más fríos y más largos. En los Alpes los inviernos llegan a ser bastante rudos, así que me sirvieron bien durante varios años resistiendo nieve, agua, frío, lodo, pisotones, golpes... todo. Sin jamás protestar y sin jamás detenerse: me acompañaron por todos lados, en noches inclementes y bajo cero continuos. El odio comenzaba al momento de pasar más de una hora con ellas: lo de “un poco pesadas” se transformaba rápidamente en “malditas botas pesadísimas”...

Mis botas

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