Aquiles
Juan Manuel Torres Moreno

 

    Estoy mirando hacia afuera de este lugar. Lugar plagado de toda oscuridad o frío atrapados; de cualquier contradicción. Vacío de todo sentimiento de libertad. Sitio ajeno a mi infancia y a todas aquellas cosas que se quedaron ahí: paredes de pesadilla donde quedaron encerrados todos mis pensamientos.

–¿Por qué lo hiciste? –me pregunta otra vez pero no puedo ver dónde está. Jamás he podido encontrarle. Su pregunta interrumpe el hilo de mis ideas.
–Tenía que hacerlo–: le respondo sin ganas de seguir, y trato de pensar en otra cosa, para evitar responderle. Su voz, aunque no me es ajena, ahora me parece serlo. Al mismo tiempo lo oigo muy distante, como al otro lado de la tarde.

Enciendo un cigarro y me recuesto en el camastro frío. Tengo unas ganas infinitas de dormir. Entonces, cuando empieza a quedar todo en silencio, él vuelve a interrumpirme preguntándome algo. De momento no digo nada. Luego de un rato levanto la cara y veo la reja. Recorro con la vista las paredes desnudas, la espesa capa de cal que las recubre, que me encierra. Por más que miro no lo puedo encontrar. Empiezo a dormitarme. Tarda un momento en volverme a hablar.

–Tenía que hacerlo–. Le contesto esta vez, un poco remordida la conciencia. Me pregunto si ahora me dejará dormir, hace tiempo que no me permite hacerlo...

SI DESEA USTED SEGUIR LEYENDO ESTE CUENTO, FAVOR DE ENVIAR UN E-MAIL AL AUTOR