Canada: historias climatológicas

Juan Manuel Torres Moreno


Magritte: Hegel


    Tanto en Francia como en Canadá hay dos cosas que en noviembre me molestan mucho. Una de ellas es el clima: demasiado frío, demasiado viento, demasiada nieve. La otra es la maldita precisión de los servicios de la météo. No hay espacio para la equivocación y el error: si anuncian frío hará frío. Si la nieve deberá caer, cae la muy maldita. En Canadá el azar está desterrado del lenguaje climatológico. En México es diferente. Por ejemplo, cuando la météo (que allá le llaman pomposamente “El Estado del Tiempo”) anuncia que mañana hará un buen día con 24 soleados grados, uno no puede menos de dejar de sonreir y pensar “Sí, sí, todo lo que tu quieras. Total: yo no te creo nada” porque seguro es que mañana por la tarde puede caer un tormentón desenfrenado que anegará viaductos, periféricos, inundará hasta las luces de los semáforos y paralizará unas horas la caótica vida de la ciudad. Que en la semana pronostiquen frío, calor o lluvias intermitentes son sólo estados abstractos de la caprichosa naturaleza de la presentadora en turno del “Estado del Tiempo”, sin que tengan la más mínima conexión con la realidad mexicana: allá el clima se mofa de las predicciones, de las presentadoras de la tele (por muy guapas que estén) y del público en general (por muy crédulo que sea). Este último sólo ve dichos programas para llenar su tiempo vacío, sus tardes lluviosas o para mirar las piernas de la chica que anuncia el “Estado del Tiempo”.

    En cambio en Francia o aquí en Canadá la cosa es desgraciadamente otra: cuando la météo anuncia tormenta para esta tarde entre las 6 y las 8, efectivamente a las 7 habrá una en la ciudad (no importa en que ciudad: una acabará por caer de manera obligada), y si el termómetro deberá alcanzar 2 grados como máxima en la predicción, pues en la realidad los alcanza y se acabó. La naturaleza debe someterse a los caprichos de la predicción de la météo. Son tan enfadosamente ciertas las previsiones aquí, que a uno no le resta que quedarse todo el día en casa si la presentadora anuncia una semana desangelada, triste y fría. El calentamiento de la tierra tantas veces traído a la sopa por los climatólogos se fait toujours ailleurs, se lleva a cabo en otros sitios, pero no en el Québec. Peor aún: día lluvioso y ventisca de 50 Kmh: ¡me quedo en casa!... Peor todavía: frío intenso, con el frío de 40 grados bajo cero que saben gozar todos los masoquistas que nacieron por aquí. Nunca he visto en mi vida inviernos más fríos que en Québec, ni tampoco predicciones más precisas. Nada que hacer. Inútil amargarse la vida e inútil también pensar que la météo pueda equivocarse a nuestro favor, y que en lugar de los 25 grados bajo cero prometidos podrán ser felizmente 10 o 20 sobre cero o quién sabe cuantos más, y que la nieve irá a dar allá lejos en Vancouver, en el Yukón o que caerá quizás en medio del Pacífico para beneplácito de ballenas, osos y marsopas polares. Pero no pasa nunca. Siempre acaban las perturbaciones climatológicas por perturbar la apacible vida del Québec.

    Es así como en estas latitudes me he acostumbrado (al igual que todos los canadienses o todos los franceses en Francia) al deporte nacional de escuchar o ver los frecuentes boletines de la météo cada hora. Hay incluso canales en la tele donde pasan la météo las 24 horas del día y toda la noche (los días de frío duran aquí 36 horas, se los puedo asegurar). Así puede uno ver emocionadamente minuto a minuto la evolución de la naturaleza en función del modelo digital previsto. Es por eso que en días como este 14 de noviembre, -justamente- cuando hace mucho mucho mucho frío, me dedico sólo a mirar por la ventana y a observar afuera a los locos quebequenses luchar estoicamente contra la ventisca en turno, a graduar la calefacción de mi departamento, a tomar pluma y papel y a escribir desangeladas historias climatológicas como ésta, mientras escucho tranquilamente el último boletín de la météo.
 
 

Comentario al desangelado texto climatológico
 

    Bien es sabido que el clima es un fenómeno caótico y fractal. No obedece a  ninguna regla escrita ni a predicciones de la météo. Así sean las más precisas del mundo. Los modelos digitales de predicción del clima tienen su grado de fiabilidad, y tanto en México, Canadá, Francia o el Yukón pueden fallar y fallan. Tan es así, que muchas veces en Québec se han pronosticado « belles journées enoleillées » y al final del día no se tiene más que viento, nubes, frío y verglas. Un día abominable. El día soleado se hizo para ser vivido en otras partes, pero no en el Québec, como lo anunciaba el modelo numérico. Es falsa la « maldita precisión de los servicios de la météo en Canada » de la que tanto se queja el autor del texto. Prueba de ello y de su falsedad intrínseca -al contrario de como la météo lo había ya previsto- el día de hoy ¡no hace frío en absoluto!… el sol está brillando en el firmamento dando calor y luz al mundo y la nieve cae lentamente en breves copos otoñales sobre las marsopas y las ballenas boreales al extremo este de la isla de Vancouver. Muy lejos de aquí.

    De todo ello, puedo afirmar sin lugar a equivocarme, que el autor se dedica a escribir desangeladas historias climatológicas (como lo hace hoy, 14 de noviembre) dado que sencillamente no tiene otra cosa qué hacer.